Si un día te piden que recomiendes un vino, pero uno que sea el "Iván Ferreiro" o el "Los Planetas" de los vinos, quizá no sepas qué responder, pero la idea es tan buena que había que secundarla.

Cuando oyes tanto hablar de un vino y nunca lo has probado, puede que la primera sensación sea de decepción. Eso es lo que me pasó a mi. También es verdad que no fue lo mismo esa primera copa, todavía en el trabajo, que la que me tomé tres días después en casa de un amigo. Si el vino es una fuente de placer, es indudable que la companía y el momento son tan importantes para disfrutar de una buena copa como la calidad del vino en cuestión.

Mi decepción no es que este vino no sea tan bueno como pensaba, sino que no lo es ahora mismo, febrero de 2009. Todo lo que dicen de él se vislumbra que lo pueda ser cuando se haya suavido un poquito más. La botella que tengo en casa queda reservada para el otoño.

Un vino de un rojo picota  de buena capa, brillante, que conserva algún ribete azulado. En nariz predomina la madera, algún tostado, café amargo, ¿nota de clavo? por encima de todo lo demás, y en el fondo, acobardado un fondo de fruta negra muy madura, arándanos y moras. Retronasal dominada por las maderas y los torrefactos. Y en boca se presenta amplio, de buen cuerpo, acidez correcta, ligero amargor final. Un buenísimo vino que lo será mejor en unos meses.

Un clásico de la Ribera, de esos con fuerza que nunca decepcionan pero que como su fama les precede, siempre queremos algo más. Sería, queria Maggots, un rock n´ roll del clásico, de esos para los que el tiempo juega a su favor:

Time is on my side: The Rolling Stones