Querido amigo Toyama:

Que a estas alturas te indignes por un comentario que un anónimo dejó en mi blog me hace pensar que en la vida todo te va tan bien que tienes pocas preocupaciones. Ya sabes cómo es el mundo de internet. Desde el anonimato hay gente que se cree en la potestad de juzgar.
No deberías darle tanta importancia. En ese comentario se habla de mediocres, y ni tú, ni yo, ni nadie de los que nos rodeamos puede ser catalogado como tal. Y ya que de personas concretas no se habla, porque el visitante es anónimo y por lo que cuenta no me conoce de nada, supongo que se hablará en general de las personas que componen determinados movimientos políticos.
Tú y yo sabemos qué es el anarquismo. Lo que tú desconocías, y yo no por haberlo vivido de cerca, es que existen determinados personajillos que se creen en la posesión de la verdadera doctrina, y desde el atril juzgan lo que no entienden.

No entienden que haya más gente, además de ellos mismos, que elijamos el anarquismo como doctrina política desde el razonamiento y la experiencia. Yo soy anarquista porque considero que es el mejor de los programas políticos elaborados por el ser humano (estoy más con Malatesta que con Koprotkin y su orden natural) para organizar esta sociedad. Para algunos, la militancia, el tiempo y el dinero invertidos, así como los disgustos y satisfacciones reportados (casi tantos de los primeros que de los segundos) no son más que el intento de llamar la atención. La única militancia verdadera es la de ellos.

Por otra parte, yo sé que tengos muchas contradicciones. No creo que haya nadie que sea capaz de decir que no las tiene, si no es colgándose de un olivo para poder dar coherencia a su ideología anarquista en esta sociedad.

¿Pero existe alguna contradicción grave que tú conozcas entre lo que hago y la de alguien que se llame anarquista?
En ese comentario en primer lugar, se me achaca (suponiendo que hable de mi), estudiar enología. Supongo que quien lo escribió sabrá que yo estudio la licenciatura de enología, no un cursillo de enología. ¿Era yo más coherente con las ideas de Bakunin cuando estudiaba química? Lo dudo. A veces me parece que lo coherente para ellos es no estudiar. Estudiar adoctrina. No entiendo su último esfuerzo en salvar la universidad del plan Bolonia. Por ese mismo razonamiento, cualquier trabajo cualificado es más indigno que uno sin cualificar, porque el primero ha debido estudiar. Mejor ser camarero de tasca que de un buen restaurante y mucho peor es ser sumiller, mejor peón de bodega que enólogo. Por eso es más anarquista sacar algo de dinero en la vendimia que ser director de campo de una bodega.
Al igual que es anarquista y revolucionario gastarse el dinero en hachis pero no en vino. Llevar zapatillas o botas antes que zapatos. Camisetas sí pero reaccionarios lo que lleven camisa. Revolucionario el cultivador de maría pero al paredón el que cultive la vid.

Después al parecer, he cometido el error de estudiar idiomas. Gran error. Estudiar idiomas en la idiología anarquista es digno de un debate a la altura de los de Malatesta y Merlino. ¿Sabes? El único idioma que para ellos se puede estudiar es el esperanto. Pero ni siquiera lo hacen. Por eso la revolución mundial de la que hablan, vendrá en forma de gestos. Uníos hermanos proletarios y entenderos con gestos.

Así son. Ya sabes que no todos. Por eso el anarquismo nunca dejará de tener vigencia, porque no todos son así. Estos son los menos. Pero cuando el diablo no tiene qué hacer, con el rabo espanta moscas, tal y como se titulaba un panfleto que un día escribimos, hace ya diez años, contra este mismo tipo de gente. Son muchos años ya y memoria no me falta.

Y volviendo al tema central de la discusión. Tú y yo, querido amigo, hemos aprendido a no juzgar a la gente sin conocer, y lo que es mejor y más dificil, no juzgar a la gente por lo que ponga en su bussines card. Por eso no necesitamos encaminar nuestra vida en la búsqueda de un estatus o en destacar. Buscamos ser felices haciendo lo que más nos satisface, sea lo que sea.
Esté mejor o peor visto.