Hay quien aún asegura que en este país existen intelectuales. E incluso hay quien dice (los más osados, ya que la ignorancia suele ser muy osada), que hay intelectuales de izquierda. Salvo honrosas excepciones, y en este caso la excepción confirma la regla, dudo mucho de las dos afirmaciones.

El caso de Carlos Taibo es un gran ejemplo. Gurú de una parte de la izquierda desde hace tiempo, sus intervenciones suelen ser un azote contra las intervenciones unilaterales de EEUU, pero no sucede lo mismo cuando Europa anda de por medio. Sus contínuos escritos de legitimización de la intervención de la OTAN en la antigua Yugoslavia deberían haber hecho replantearse muchas cosas a sus fieles lectores. Pero no. En este país el pensamiento es escaso, la crítica nula, y la memoria fugaz.

Carlos Taibo consigue llegar a cotas de mezquindad insospechadas en su último artículo en el periódico Público acerca de la independencia de Kosovo, que ni su pasado maoísta, ni su coqueteo con el nacionalismo gallego pueden justificar. Aplaudir la independencia de Kosovo, pero negar la independencia a la Krajina puede parecer incoherente, pero decir, sin titubear, que lo que en Kosovo ocurrió en los años 90 fue una "desobediencia civil pacífica" es reirse de los que a diferencia de él, no nos alineamos a favor de ningún grupo de poder.

No creo que Henry David Thoreau entendiese la desobediencia civil de la manera en que Carlos Taibo y la UÇK lo entienden. Desobediencia civil con kalashnikov. Desobediencia civil pacífica a la manera del ELK, uno de cuyos miembros afirmaba el 19-4-99 en el diario El país "si la OTAN deja a los serbios sin tanques ni cañones, nosotros ya nos ocuparemos de dejar Kosovo sin serbios". Desobediencia civil a la manera de los integrantes de esta foto que tomo, al igual que le pie de foto, de un artículo Jürgen Elsässer en red voltaire.

"En esta célebre foto de octubre de 1999, cinco personalidades juran conducir Kosovo a la independencia. A la izquierda, Hashim Thaci (el entonces jefe del grupo terrorista UÇK, actual primer ministro del gobierno regional de Kosovo) en companía de Bernard Kouchner (a la sazón administrador de la ONU en Kosovo, hoy ministro francés de Relaciones Exteriores), Sir Mike Jackson (ex comandante de las tropas británicas durante la masacre conocida en Irlanda como Bloody Sunday, en aquel entonces comandante de las fuerzas de ocupación de la OTAN y hoy consultante de una firma de reclutamiento de mercenarios), Agim Ceku (jefe militar de UCK, acusado de crímenes de guerra por el ejército canadiense), y a la derecha, el general estadounidense Wesley Clark (entonces comandante supremo de la OTAN, actual consejero militar de Hillary Clinton)."


Desobediencia civil pacífica con acciones armadas y sangrientas campañas de atentados contra las autoridades yugoslavas, contra civiles no albaneses (sobre todo serbios y gitanos) e incluso contra albaneses que no simpatizaban con las ideas separatistas.

Desobediencia civil pacífica financiados por la CIA y el tráfico de heroína, al más puro estilo de las contras nicaragüenses. Desobediencia civil pacífica en la que colaboraba Agim Ceku, uno de los responsables de la matanza de campesinos serbios en la Krajina. Desobediencia civil pacífica... dice él.

Diez años después, quien no quiere conocer, no conoce. En eso radica la defunción de la izquierda española. Yugoslavia era la prueba definitiva tras la primera guerra del golfo. Las potencias occidentales no podían cometer los mismos errores de bulto con la opinión pública que en anteriores ocasiones. La opinión pública o tragó con la campaña de desinformación, o colaboró con ella, como hizo Carlos Taibo. No hubo oposición, y James Harff, representante de la empresa americana Ruder & Finn encargada de la campaña de intoxicación informativa, se jactaba en el Canal 2 de la televisión francesa: "fuimos capaces de ofrecer una historia simple de buenos y malos."

Las potencias occidentales consiguieron sus objetivos, y en la misma fosa común que yacen las víctimas inocentes de ambos bandos, descansa enterrada y muerta la izquierda española.

La próxima vez que EEUU, de manera unilateral invada algún país, Carlos Taibo será invitado a la facultad de filosofía y letras a dar su discurso antiyanki. Y la sala se llenará de gente que saldrá ese día de la tumba donde está enterrado el pensamiento de izquierdas, y como zombis con palestina al cuello afirmarán sin ningún atisbo de pensamiento propio todo lo que su gurú les diga.