Quizá la felicidad no sea más que esto, estar oyendo a Ben Harper, mientras hablo con mi irish red por el messenger y como una manzana.
Quizá no haya que buscar más allá.
Afuera el otoño ha llegado con bríos de invierno y la tormenta del trabajo está lejos de escampar. Pero yo tengo mi manzana. Y resisto.