Más de diez años
Se sorprende una amiga al decirle por teléfono que no echo de menos a nadie. Y así es. Saber que están donde deben estar hace que para mí sea suficiente. Y saber que esta nueva situación es temporal hasta que yo lo decida, hace que ésto sea sólo un paréntesis. Aunque cada día que pasa y yo sigo durmiendo mejor hace que quiera alargar el paréntesis un día más.
No echo de menos los planes que hacía con V., concientos, exposiciones, teatro, leyendo el Youthing, y que V. apuntaba en su cuaderno. Lo que V. no tiene apuntado en el cuaderno no existe. Ni echo de menos catalogar los libros del sindicato con J. Las fiestas con extranjeros (y extranjeras, claro) que me organizaban Úrsula Montes y el Puto Niño tampoco las echo de menos. Ya no necesito ir a todas horas a casa de C. para no sentirme solo. N dice que estudiar sola es lo que peor lleva, que vaya para allá, pero yo solo estudio mejor. J sigue insistiendo en coger la bici. Ya ni siquiera recibo los mail de I. Lo único que me queda es mi vínculo vía internet con mi querida Irish Red. Dice que desearía que yo estuviese allí. Y yo digo que desearía que ella estuviese aquí. Nuestro toma y daca de todos los días.
A veces hay que tomarse la vida con un poco de calma. A veces lo urgente es esperar, dice otra de mis amigas.
Y aquí lo que me sobra es calma. He cambiado mis ansias de cambiar el mundo, y ya no me peleo con mis viejos enemigos sino que únicamente me peleo con la plancha. He cambiado mis libros de química, chino y japonés por libros de cocina. Los semáforos por mis nuevas zapatillas para salir a correr. El estrés por la rutina. La ansiedad por la calma.
Además, cuanto más noticias tengo de Valladolid y cada vez que voy de visita, reafirmo que aquí estoy mejor.
Decía que no echaba de menos a nadie. Pero esta mañana pasó algo raro. Mientras vagueaba por internet como excusa para no hacer lo que debía, encontré un fotolog del grupo Los Esclavos. Ese grupo en el que toca el teclado la primera chica de la que estuve enamorado hace más de diez años. Y la vi en una foto.
La eché de menos. No sé si a ella o a lo que ella era hace tanto tiempo. O a lo que yo era.Cuando las penas duraban menos de una noche. Cuando el amor era lo más inocente del mundo, algo que se vivía sólo en el momento, sin planes de futuro y sin reproches del pasado. Cuando no pensaba ni el futuro ni en el presente, y yo era capaz de comerme el mundo, sólo que en ese momento no me apetecía.
Espero que por fin saquen su primer disco. Seguro que me lo compro.



ignatus dijo
El cambio de tus libros de quimica y japones por los de cocina imagino que será algo temporal,no?Y por cierto..cuanto tiempo la calma de tu exilio tan cercano al mio te parecerá placentera antes de añorar el ritmo de la ciudad?
Gran historia lo de la chica de ese grupo.
Y ese toma y daca con tu irish red...para cuando te vas a enamorar de forma más pragmatica compañero?Aunque sea solo en el terreno kilométrico?
5 Septiembre 2007 | 10:37 AM