Y una de ellas es la que acabo de hacer yo esta tarde:
Mi aparición anual en el bar del pueblo donde vivo, única vez en el año que se me puede ver allí. Y para darle más emoción, a la hora de la partida de cartas, con todos los viejos del pueblo jugando al mus. A eso se le llama arriesgar, que ni una espera a porta gayola vamos. Para rizar el rizo, con mi hermanito de cuatro años, al que le traen una vez al año, y que me sirve de escusa para acercarme al bar. Pobrecillo, porque con él de por medio a mí me dejan en paz, pero eso no tiene que ser bueno para la educación de un niño, tanto desconocido dándole la barrila, que si di algo, que si qué niño tan guapo, que si tú quién eres, que si dame un beso...
Y él, después de lidiar durante un par de horas, y aguantar estoicamente, en su sabiduría infantil, nada más salir del bar ha dicho: "¡¡QUÉ SILENCIO!!"
Ahí queda dicho. Hasta el próximo año.