La Coctelera

Taomalo

Categoría: Animus meminisse horret

17 Diciembre 2007

Supervivientes

Por segunda vez en poco tiempo me encuentro con la misma clase de persona. Mujer, extranjera, en cierta medida atractiva, que deja su país atrás y empieza una vida en España. Casadas con un hombre que las mantiene, pero del que ellas mismashablan barbaridades. Pero no le dejan. Problemas de papeles.
Y cuando el hombre ya no es necesario porque pueden valerse económicamente por si mismas, reniegan de él, y lloran, cuentan historias de amenazas, de miedo, hacen valer su papel de persona desprotegida, con la familia lejos, sin nadie a quien recurrir. Una víctima que necesita ayuda.
Las dos mujeres, en este caso, con gustos parecidos, a su manera claro. Buen vivir, buena ropa, buen comer, muchos caprichos.
Ahora ya no me pilla por sorpresa y veo las cosas más claras. Quizá porque no me afecta tan directamente como la vez anterior, y en este caso es sólo una compañera de trabajo y no alguien que me promete una vida juntos. Son supervivientes. Supervivientes con una sóla cosa en la mente. Sin perjuicios. Sin remordimientos. Sin verdaderos amigos. El fin que justifica los medios.
Por eso no trato de entenderlas. Su forma de ver la vida y la mía son tan diferentes que aunque quisiese, no podría.
Mañana cuando vuelva al trabajo ya sé que me contará lo mal que lo está pasando, lo asustada que está, que necesita dejarle pero no se atreve. Y sé que cuando ella salga del trabajo volverá a su cama, a contarle lo mucho que él es para ella.
Tenemos dos maneras antagónicas de ver la vida. Y como no soy quien para juzgar a nadie, sólo digo que hay maneras extrañas de pasar por la vida. Y cada uno debe elegir su manera.

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14 Febrero 2007

Hoy

Hoy estoy cansado.
Cansado de correr hacia no sé dónde. Cansado de mirar atrás en mi carrera y ver que no queda nadie, que todos hacen tiempo que cruzaron la línea de meta.
De esforzarme en no sé qué, de decidir sobre males menores, de traicionarme a mí mismo, de querer ser algo que nunca quise ser, de no saber ni a dónde quise llegar ni a dónde quiero hacerlo ahora, de las las noches con pastillas para dormir y de las mañanas con café para no hacerlo.
Me agota estudiar para exámenes sin aprender nada.Y Aprender cosas que luego no me sirven.Creer en lo que no debo y no querer creerme lo que me conviene. Agotado de querer cambiar de carrera y ciudad, como apostando todo a una única mano sabiendo que únicamente llevo un par de doses.
De esconderme en mi propia ciudad, de que el tiempo pasay yo no avanzo, de que avanzo y no quiero avanzar.
Creo que estoy demasiado cansado. Me voy a la cama. Mañana será otro día.Supongo que tampoco merecerá la pena.

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30 Enero 2007

Un día de enero

Un día de enero.
Justo hace un año.
Arrepentimiento.

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13 Diciembre 2006

Yo entiendo muchas cosas, es verdad...

Si no recuerdo mal, un poeta decía aquello de "yo sé muchas cosas, es verdad"... Parafraseandole, voy a decir que yo entiendo muchas cosas.
Entiendo por ejemplo, que el mundo es un lugar hostil. Que a veces da miedo salir a la calle, y otras veces algunos días uno prefiere encerrarse en casa a la espera de que el siguiente día que amanezca sea más favorable o que la noche repare algunos de los miedos de la tarde.
Entiendo también, y lo aprendí hace tiempo, que el mejor lugar para refugiarse son los amigos y la gente querida. Entiendo que querer a alguien, sea amigo, novia, familia o mascota, es una lucha constante entre el saber que la necesidad de uno hacia los demás es un acto egoísta y asumir el compromiso de no olvidar que los demás necesitan al uno.
Entiendo, entre otras cosas, que a veces las cosas se acaban. Sin culpables, sin saber cómo, sin tener que buscar más allá del simple discurrir de los días. Que de dos personas que la semana antes pensaban que la vida de uno sin el otro no merece la pena, uno de ellos cambia de opinión, de vida, de ilusiones y de proyecto vital. A vece me cuesta, pero lo puedo entender.
Entiendo también que hay momentos difíciles en la vida de las personas, donde no reaccionamos como queremos, y presas del momento decimos cosas que deseamos no haber dicho nunca, o nos callamos palabras que después se mueren por haber sido dichas.
Entiendo estas cosas, y entiendo muchas más.
Pero no entiendo, por mucho que lo intento, no entiendo cuando una persona hace daño a otra querida, o que fue querida. Y hace daño, y vuelve a hacer daño sin reparo alguno, y encuentra en estos actos algún tipo de satisfacción personal que no acabo tampoco de comprender. Y tiempo después, cuando ha dicho lo que sabía que más iba a doler al otro, vuelve, ya en frío, y sigue hurgando en una herida que supone sigue sangrando.
Lo intento entender, le doy vueltas y más vueltas, vuelvo a intentar justificar todos sus actos como antes hacía, pero ya no encuentro solución.
Y entonces creo un poco menos en la gente, me vuelvo más desconfiado, la calle tiene menos luz y yo me encierro entre cuatro paredes repletas de libros, donde un día alguien colgó una foto de los años treinta, en la que se ve a un grupo de trabajadores de la estación de las delicias en Zaragoza, sentados en la via del tren, tocando la guitarra y cantando, otra persona que desde cierta ditancia les mira con estupefacción, con un vagón de tren al fondo donde pintaron "viva la huelga" y que al pie de la foto alguien escribió "la felicidad existe".

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12 Diciembre 2006

Hay días...

Hay días en que no me gusto nada. En que nada de lo que me rodea me gusta. En que reconozco que no soy buena persona.
Y hay veces en que esos días se hacen más frecuentes. En que me gustaría quedarme en casa, no salir, no hablar, no mirar, no escuchar, y sobre todo, no ser hablado, no ser visto, no ser oído.

Hay días que me sorprendo de tener amigos. De tener ya toda la semana planeada con citas con distintos amigos. De que me conozcan de toda la vida y sigan llamándome, de que sepan el humor que gasto y no se cansen, de que alguna vez les haya mandado a todos a la mierda y luego hiciesen como que no lo sabían.

Hoy es uno de esos días...

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9 Diciembre 2006

Animus meminisse horret

Hace mucho que no escribo sobre mí mismo, desde unas semanas antes de cerrar mi primer blog.
De momento es mejor así, sin pensar, o sin llevarlo a estas líneas, sin intentar racionalizar sensaciones, sin querer explicar recuerdos, sin pretender entender nada.
Haciendo, corriendo, huyendo, a ratos descansando, volviendo a desconectar cuando se hace necesario.
Aunque a mi querida mallorquina ya no le guste este blog tanto como el anterior, porque como ya no habla de sentimientos no se fijaría en él.
El día en que no me dé miedo recapacitar y pensar ya lo haré.
Hasta entonces seguirá todo así.

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Sobre mí

Ya no tengo miedo a las ruinas...








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